Los abusos y excesos de Julian Assange cuando vivía en la embajada de Ecuador en Londres

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Un informe emitido por la Controlaría del país sudamericano revela nuevos detalles sobre los siete años de reclusión del fundador de Wikileaks en la legación londinense

Durante los casi siete años que Julian Assange, fundador y director de Wikileaks, estuvo en la embajada de Ecuador en Londres, Ecuador no sólo tuvo que gastar miles de dólares en su estancia sino que tuvo que soportar actos de grosería, faltas de respeto e insultos por parte del incómodo huésped.

Esto es parte de lo que reveló el informe de la Contraloría General del Estado (CGE) en un informe sobre los gastos en los que incurrió el gobierno ecuatoriano al darle el asilo a Assange. 

De acuerdo con el documento, no sólo Assange tenía un trato grosero con los miembros del personal de la Embajada sino que invitados suyos imitaban su conducta. La Contraloría también habla de las faltas de salubridad del hacker durante su estancia en la delegación diplomática. Llenaba botellas de orina y las dejaba cerca del personal que trabajaba en la embajada. Embadurnaba los baños con sus heces.


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Un asunto que no es menor, pues la Embajada debió adquirir un seguro médico para sus empleados, debido al riesgo de salud tan «alto».


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Los gustos gastronómicos de Julian Assange tampoco encontraron eco en la Embajada. La comida que se le daba al hacker no era de su agrado, por lo que el 50% de los alimentos se dañaban o eran arrojados a la basura. 

El mejor lugar de la Embajada

Igualmente, el escrito denuncia el uso lúdico que el australiano hacía de la Embajada, en la cuál organizaba fiestas y recepciones. Además, algunos de sus invitados llegaron a pasar la noche en la estancia en varias ocasiones. También cuestiona una serie de gastos acometidos por la legación desde 2012 –año del ingreso de Assange en la embajada– sin documentación que respaldase su necesidad, como la compra de muebles y equipos, asesoría legal y de comunicación, alimentación, internet, adecuaciones físicas y gastos médicos, todo ello por un valor total de 795.000 dólares.

Además, no contento con ser alojado en una de las mejores oficinas de toda la legación y contar con un espacio complementario para sus actividades, el equipo del programador pidió a las autoridades ecuatorianas que comprara una dependencia ubicada en el mismo edificio de la Embajada para «mayor comodidad» del activista.


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Por otra parte, la Contraloría documenta asimismo inconsistencias e irregularidades en el proceso de naturalización de Assange, a quien le fue concedida la nacionalidad ecuatoriana en 2017. De acuerdo al borrador, no se habrían abonado 800 dólares en concepto de aranceles para la entrega de la carta en la que se oficializaba la naturalización. En consecuencia, la Cancillería calificó de «lesivo» el acto administrativo y suspendió de inmediato sus efectos.

Assange fue entregado a las autoridades británicas el pasado 11 de abril después de que Ecuador le retirara el asilo debido a un largo deterioro de la relación entre ambas partes.

Otros gastos sin sustento

El ente regulador determinó que no pudo esclarecer los términos contractuales de esos gastos, por lo que deduce que se hicieron sin sustento legal.

Los gastos fueron abonados de fondos creados especialmente para el mantenimiento del asilado, que en el último año llegó a demandar al Estado ecuatoriano por vulnerar sus derechos por imponerle un protocolo de convivencia dentro de la legación.

Dos de los cuatro fondos, por un valor de 120.000 y 300.000 dólares cada uno, fueron creados una vez que se concedió el asilo diplomático, de los que se destinaron a temas relacionados con Assange un total de 66.614 y 266.612 dólares, respectivamente.

Igualmente, en julio de 2012 -antes de recibir oficialmente el asilo- se liquidó un monto de 36.000 dólares para cuestiones de comunicación sobre el australiano.

«En el evento de ‘Conmemoración del asilo político’ no se observó lo establecido en la Reforma a las Normas de Austeridad y Control del Gasto Público, que establece la prohibición de festejos, agasajos o recepciones, ocasionando un pago sin sustento por 5.395 dólares», refiere el documento.

Sobre el servicio de alimentación, el informe estipula que se contrató sin concurso de proveedores, de forma que se protegieran los intereses presupuestarios del Estado ecuatoriano.

También se evidencia de la auditoría la contratación de un servicio de Internet y telefonía con el que el asilado podía contactar directamente con la presidencia de la República y que costó un montante de 5.604 dólares, que se sumaron a los poco más de 1.000 dólares extra para instalar una nueva conexión ADSL de internet en la Embajada.


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Todos esos gastos no tenían sustento legal, ya que no contaban con una documentación que respaldara los rubros, concluyó el informe de la Contraloría.

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