El poder también se sirve en la mesa
Hay lugares que trascienden su propia geografía para convertirse en algo más que un simple punto en el mapa. Fonteta, una pequeña localidad del municipio de Forallac en el Baix Empordà, es uno de esos lugares. Cada año, bajo la excusa de un buen guiso —el tradicional civet, preparación culinaria de raíces medievales a base de caza estofada en vino—, políticos, empresarios y figuras influyentes de la sociedad catalana comparten mantel, conversación y, sobre todo, visiones sobre el presente y el futuro del país. Lo que ocurre en esas mesas va mucho más allá de la gastronomía.
El ‘civet’ como ritual del poder
Los encuentros de esta naturaleza tienen una larga tradición en la política occidental. Desde los salones parisinos del siglo XVIII hasta los retiros informales de Davos, los espacios de encuentro fuera del protocolo institucional han servido históricamente para lubricar relaciones, explorar acuerdos y construir los consensos que luego se formalizan en despachos y parlamentos. El civet de Fonteta cumple esa función en el ecosistema político catalán y español: es un termómetro privilegiado del estado de ánimo de las élites, un lugar donde se habla con franqueza porque las cámaras, en principio, no están invitadas.
En su decimotercera edición, el evento organizado por el empresario Luis Conde ha reunido a lo más granado de la política y los negocios en un momento de particular tensión electoral. Con unas elecciones generales marcadas en el calendario para el 29 de noviembre, cada apretón de manos, cada conversación en un rincón del salón y cada brindis adquiere una dimensión política que va más allá de la simple cortesía social.
El 29-N, el gran elefante en la sala
Las elecciones generales siempre generan reacomodos en el tablero político, pero en el contexto actual —marcado por la fragmentación parlamentaria, la complejidad del encaje territorial de Cataluña en España y las presiones económicas sobre las clases medias— el escenario es especialmente volátil. En ese contexto, que las élites políticas y empresariales aprovechen un encuentro como el de Fonteta para calibrar fuerzas, explorar posibles apoyos y proyectar escenarios postelectorales no es ninguna sorpresa: es, simplemente, política real funcionando como siempre ha funcionado.
- Fragmentación parlamentaria: Ningún partido tiene garantizada una mayoría sólida, lo que obliga a negociaciones cruzadas que empiezan mucho antes del día de las elecciones.
- Intereses empresariales: El sector privado necesita certidumbre política para planificar inversiones, y encuentros como este permiten anticipar escenarios y reducir incertidumbres.
- Cataluña como variable clave: El encaje político de Cataluña seguirá siendo determinante en la aritmética parlamentaria española, independientemente de quién gane las elecciones.
La informalidad como espacio político legítimo
Existe cierta tendencia a mirar con suspicacia estos encuentros informales, como si la política solo fuera legítima cuando ocurre bajo los focos del hemiciclo. Sin embargo, la realidad del poder democrático es más compleja y más rica: los consensos se construyen en múltiples espacios, y los encuentros entre actores políticos y económicos forman parte de ese proceso siempre que se mantenga la transparencia en las decisiones que finalmente se adoptan de manera formal. El problema no es que los líderes conversen en torno a una mesa; el problema sería que esas conversaciones sustituyeran por completo a los mecanismos democráticos de rendición de cuentas.
Un espejo de la sociedad que tenemos
En definitiva, el civet de Fonteta es un espejo de cómo funciona realmente el poder en las sociedades contemporáneas: en la intersección entre lo público y lo privado, entre lo formal y lo informal, entre la institución y la persona. Que políticos y empresarios se sienten juntos a hablar de elecciones mientras comparten un plato tradicional catalán dice mucho sobre la naturaleza profundamente relacional de la política. Las urnas del 29 de noviembre decidirán la aritmética parlamentaria, pero conversaciones como las que se producen en Fonteta ya están dibujando, en invisible, los contornos del día después.






