¡Un veredicto que corta como un cuchillo y devuelve un poco de justicia a una víctima que aún lleva las cicatrices en el alma! El Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana (TSJCV) ha confirmado la condena de 12 años de prisión a un hombre por abusar sexualmente de forma continuada de una niña durante el confinamiento por la pandemia de COVID-19, en una masía aislada de Castellón donde la menor vivía con su familia. El acusado, que aprovechó la vulnerabilidad de la pequeña –con discapacidad intelectual reconocida– para cometer los abusos en múltiples ocasiones entre marzo y junio de 2020, ha visto rechazada su apelación: la Sala de lo Civil y Penal del TSJCV ratifica la sentencia de la Audiencia Provincial de Castellón, que lo declaró culpable de agresión sexual continuada a menor de 16 años. ¡Además de la cárcel, deberá indemnizar a la víctima con 20.000 euros por daños morales, y cumplir 10 años de libertad vigilada y prohibición de acercamiento! En un caso que clama al cielo por la indefensión de la niña durante el encierro pandémico, esta confirmación no borra el horror, pero envía un mensaje rotundo: la justicia, aunque tarde, llega.
El infierno se desató en el aislamiento de una masía castellonense, donde la pandemia confinó a la familia y convirtió el hogar en una prisión para la víctima. Entre marzo y junio de 2020, el condenado –con relación de confianza con la menor– abusó de ella en repetidas ocasiones, aprovechando su discapacidad intelectual y la situación de encierro que impedía cualquier escape o denuncia inmediata. La Audiencia Provincial de Castellón lo condenó en primera instancia a 12 años por agresión sexual continuada, con agravante de prevalimiento, al considerar probado que los hechos se produjeron «con aprovechamiento de la situación de convivencia y la vulnerabilidad de la menor». El TSJCV, en sentencia firme, desestima el recurso del acusado –que alegaba falta de pruebas y consentimiento imposible por la edad–, confirmando la «credibilidad reforzada» del testimonio de la víctima y las pruebas periciales que documentaron el trauma psicológico y físico.
La indemnización de 20.000 euros por daños morales, más la libertad vigilada de 10 años y la prohibición de acercamiento o comunicación con la víctima durante 15 años, completan un castigo que la justicia califica de «proporcional a la gravedad». El tribunal destaca la «especial vulnerabilidad» de la niña por su discapacidad, un factor que agravó el delito y que la defensa intentó minimizar sin éxito. «Los hechos revisten una gravedad extrema por el contexto de confinamiento y la relación de confianza», remarca el fallo, un eco de casos similares donde la pandemia actuó como catalizador de abusos intrafamiliares o en entornos cerrados.
Este caso no es un rayo aislado; es el pulso de una pandemia que dejó cicatrices invisibles en miles de menores, con un aumento del 30% en denuncias por abusos sexuales infantiles durante el confinamiento, según datos del Ministerio del Interior. En Castellón, donde la ruralidad a veces oculta horrores, esta sentencia es un bálsamo amargo: justicia para una víctima que hoy, con apoyo psicológico, intenta reconstruir su vida. Asociaciones como Save the Children claman por más recursos en detección temprana: «El aislamiento pandémico fue un caldo de cultivo para abusadores; urge protocolos en entornos rurales».
En Agencia6, el alma se nos encoge con esta niña que sufrió en silencio: ¡por ella, por todas las víctimas de la pandemia invisible, que la cárcel sea el cierre que merecen! Si conoces un caso o necesitas ayuda, el 016 y el 112 están ahí 24/7. Sigue las sentencias en nuestras redes – porque un abuso no prescribe en la memoria.
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