¡La infancia no prescribe, y los adultos lo demuestran con la cartera en mano! Los «kidults» –esa fusión de kid (niño) y adult (adulto)– se han convertido en el salvavidas del sector juguetero español, representando ya cerca del 30% de las ventas y creciendo a doble dígito en un mercado golpeado por la baja natalidad. Con un 2,5% de recuperación tras el desastre de 2024, fabricantes y tiendas respiran gracias a coleccionistas como Juan Manuel Pérez –63 años y 430 coches Scalextric en vitrinas–, Diego Bonelli –27 años y fanático de Lego Star Wars por 800 euros la pieza– o Osian R. Vaquero –29 años y cazador online de figuritas Digimon y Pokémon–. «En el momento que empiezas a tener dinero, te vuelves loco», confiesa Pérez, que rememora cómo su madre tenía una tienda de juguetes y él soñaba con modelos que no podía tener. ¡En una España donde la natalidad cae en picado, estos adultos nostálgicos no juegan; coleccionan, invierten y salvan una industria que factura miles de millones con líneas exclusivas para mayores –de Lego Botanical a sagas como Star Wars o Marvel!
El fenómeno kidult no es capricho; es un boom cultural que fusiona nostalgia, estatus y terapia emocional. En tiendas como Hola Caracola en Chamberí (Madrid), Roberto Pascual da fe del cambio: «Hace 23 años había ocho jugueterías en 800 metros; quedamos dos». Hoy, la mitad de sus ventas son a adultos: «No tienen presupuesto definido como los padres; si les gusta una caja de 200 euros, ahorran y la compran todo el año». Lego, con su gama Botanical o sets icónicos como el Halcón Milenario, lidera el superventas adulto, seguido de coleccionables de Marvel, DC o Astérix –licencias millonarias que marcas invierten para captar a un público con renta disponible y sin límites estacionales.
«El adulto busca lo coleccionable; si sacan demasiadas referencias, se agobia y abandona», advierte Pascual, pero el crecimiento es imparable: doble dígito anual, según la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes.
Los perfiles kidult son un mosaico de pasiones: Pérez, ingeniero de 63 años, modela Scalextric reales por «lo que no tuve de pequeño»; Bonelli, informático de 27, monta Legos en su «man cave» por la ingeniería interna –»pasas un mes construyendo y ves detalles retráctiles»–; Vaquero, audiovisual de 29, caza figuritas anime online por «valor sentimental» de la infancia. No juegan como niños: montan, exponen y atesoran, con presupuestos que superan los 800 euros por pieza sin pestañear. «Es terapia y recuerdo bonito con amigos o familia», resume Vaquero, que lamenta no «tirarse al suelo a jugar» como antes, pero encuentra en el coleccionismo un puente al pasado.
Este salvavidas no es casual: con natalidad en mínimos históricos, el sector juguetero –que cayó en 2024– remonta gracias a adultos que compran sin Reyes ni cumpleaños. Marcas adaptan ofertas: construcciones complejas, juegos de mesa premium y coleccionables que venden estatus. «Las empresas consolidan categorías para familias y adultos», celebra la patronal, con inversión en licencias pop que multiplican ventas. En un mundo de «sociedad del cansancio», los kidults no escapan; reconquistan la infancia perdida con euros ganados.
En Agencia6, celebramos esta nostalgia que salva industrias: ¡de olivos a vitrinas, los kidults no envejecen; coleccionan! ¿Eres uno? Comparte tu tesoro en comentarios y síguenos para más fenómenos que reviven la infancia – porque un juguete adulto no es gasto; es inversión en recuerdos.
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