El panorama político español atraviesa un momento decisivo en el que las fuerzas de izquierda se enfrentan al desafío de articular una respuesta cohesionada ante el crecimiento sostenido de la ultraderecha. La necesidad de superar las divisiones internas y construir un proyecto común se ha convertido en una urgencia estratégica que trasciende las diferencias ideológicas tradicionales entre los distintos partidos progresistas.
La propuesta de conformar un «bloque histórico» refleja una comprensión madura de la realidad electoral contemporánea, donde la fragmentación del voto progresista ha beneficiado sistemáticamente a las opciones conservadoras y ultraconservadoras. Esta fragmentación no solo se manifiesta en el ámbito nacional, sino que se reproduce de manera especialmente problemática en el nivel autonómico y local, donde Vox ha logrado establecer gobiernos de coalición o acuerdos puntuales que le otorgan una influencia desproporcionada respecto a su representación real.
Los retos de la coordinación territorial
El enfoque «provincia a provincia» que plantean algunos dirigentes progresistas reconoce una realidad fundamental: la política española se decide en gran medida en los territorios, donde las dinámicas locales pueden resultar tan determinantes como las grandes corrientes nacionales. Vox ha demostrado una notable capacidad para adaptar su discurso a las particularidades regionales, presentándose como defensor de intereses locales frente a un supuesto centralismo progresista, una estrategia que ha resultado especialmente efectiva en comunidades con fuerte identidad territorial.
La construcción de una alternativa progresista eficaz requiere no solo la suma aritmética de votos, sino la articulación de un proyecto político que pueda competir narrativamente con el populismo de derechas. Esto implica superar la tendencia a la autocomplacencia que a menudo caracteriza a los partidos de izquierda cuando logran formar gobierno, y mantener una conexión permanente con las preocupaciones ciudadanas más allá de los ciclos electorales.
Más allá de la aritmética electoral
La experiencia europea muestra que la mera coalición de partidos de izquierda no garantiza el éxito frente a la ultraderecha si no va acompañada de una renovación profunda del discurso y las propuestas. Los casos de Francia, Italia o Alemania evidencian que la ultraderecha ha logrado sus mayores avances precisamente cuando la izquierda se ha limitado a estrategias defensivas o a alianzas puramente instrumentales sin contenido programático sólido.
En el contexto español, la construcción de este «bloque histórico» debe enfrentar desafíos específicos como la cuestión territorial, donde las posiciones de los distintos partidos progresistas presentan diferencias significativas, o la política económica, donde coexisten visiones que van desde la socialdemocracia clásica hasta propuestas más rupturistas. La capacidad de encontrar síntesis creativas en estos ámbitos determinará en gran medida la viabilidad del proyecto.
El momento político actual, marcado por la polarización creciente y la crisis de confianza en las instituciones tradicionales, ofrece tanto oportunidades como riesgos para esta estrategia de unidad progresista. Por un lado, existe una demanda ciudadana de estabilidad y eficacia gubernamental que puede favorecer a coaliciones amplias y experimentadas. Por otro, la fragmentación del electorado y la volatilidad del voto complican cualquier estrategia a medio y largo plazo, exigiendo una flexibilidad táctica que no siempre es fácil de mantener en estructuras partidarias complejas.






