Nicolás Maduro entierra el cuerpo de Acosta para evitar una autopsia independiente

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Inhuman el cadáver del capitán 12 días después de morir torturado por la contrainteligencia militar

En el horror sin límites de Venezuela ni siquiera un muerto puede ser enterrado en libertad. Al capitán naval Rafael Acosta le detuvieron ilegalmente y después le mantuvieron siete días en desaparición forzada en una sede de la Dirección General de la Contrainteligencia Militar (Dgcim). Las torturas fueron tan salvajes que le dejaron agonizante. Murió en el hospital al que fue enviado por el juez.

Una vez hecha la autopsia le mantuvieron en una nevera precintada de la morgue de Caracas, pese a la insistencia de su viuda en recuperar el cuerpo de su marido. Este miércoles, 12 días después de su muerte, el militar ha sido enterrado a la fuerza y bajo control policial en el Cementerio Este de la capital. Dónde y cómo quiso la revolución: en la parcela 212, puesto 266, bajo un trozo de hormigón que así lo acredita. Como si su paso por la vida ya no le interesara a nadie.

Los policías impidieron que los pocos familiares a los que dejaron acceder velaran el cuerpo con el sarcófago abierto, que fue entregado sellado. Su viuda quería que Acosta fuera enterrado en Maracay, a dos horas de Caracas. A nadie en el Gobierno le interesó los deseos de una familia rota, pero valiente.

“Denunció el procedimiento ilegal, la entrega controlada del cuerpo de mi esposo como lo hicieron con Óscar Pérez. Yo no he solicitado ningún servicio fúnebre”, aclaró Waleswka Pérez, viuda del capitán Acosta, quien ha porfiado todos los días, sin éxito, para la entrega del cadáver.

“(Estamos ante) una inhumación controlada. Yo lo maté, yo lo entierro”, resumió el abogado defensor Alonso Roa la orden del gobierno de Nicolás Maduro tras el reconocimiento realizado por una de las hermanas Acosta.

El chavismo ha decidido repetir el mismo mecanismo ya empleado en enero de 2018 con el capitán rebelde Óscar Pérez, quien fue enterrado a la fuerza ante su tía y su prima. Y con los mismos objetivos: que la familia no pudiese ver el estado del cuerpo e impedir a su vez que se le realice una autopsia independiente. Por último, evitar también cualquier tipo de homenaje o protesta, como sí ocurrió en el entierro del concejal opositor Fernando Albán.

El sacerdote que le rindió honores a Pérez en ese momento tuvo que huir de Venezuela tras las amenazas revolucionarias. El policía, seis hombres que le acompañaban y una enfermera fueron ejecutados con disparos en la cabeza tras el asalto realizado por fuerzas gubernamentales al refugio donde se encontraban.

SINIESTRO CORTEJO FÚNEBRE

Lo de este miércoles no parecía la entrega de un cadáver, sino el traslado de un prisionero de máxima seguridad. Varios motorizados de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) han escoltado el vehículo negro que portaba el cuerpo del capitán, cerrando el paso en varias vías de la ciudad y haciendo un especial esfuerzo por mantener a la prensa alejada, como si todavía pudieran sacarle alguna información sobre cómo fue su suplicio.

El cementerio también estaba tomado por las temidas Fuerzas Especiales de la Policía (FAES), cuya disolución reclama Naciones Unidas tras confirmar que se trata de “batallones de exterminio” al servicio del gobierno. Al sacerdote, en esta ocasión, le trajeron desde las afueras de Caracas.

Después de varios minutos sin saber muy bien qué hacer, permitieron la entrada del vehículo. Las personas que querían acceder por otros motivos no pudieron hacerlo: ha sido todo tan siniestro que hasta otra camioneta fúnebre que trasladaba un cuerpo se ha tenido que quedar afuera un buen rato, bajo el sol que no concede un segundo de alivio.

“A la dictadura no le bastó con asesinar al capitán Rafael Acosta, sino que decide secuestrar su cadáver como lo hicieron con Albán. La verdad se sabrá. ¡La justicia llegará!”, ha clamado Julio Borges, ex presidente del Parlamento democrático. “La dictadura de Maduro sigue avasallando derechos y cometiendo crímenes”, ha censurado Luis Almagro, secretario general de la OEA.

El entierro a la fuerza de Acosta coincide además con la presencia en Venezuela del gurú indio Sri Sri Ravi Shankar, nombrado de forma sorprendente “mediador de paz” por Maduro. Desde su llegada, el “presidente pueblo” no ha parado de hablar sobre él y sobre sus consejos espirituales. Sri Sri Ravi Shankar y su fundación El Arte de Vivir tienen millones de seguidores, pero también millones de detractores.

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