Una Theresa May “agotada” dimite por su impotencia para aprobar su plan de Brexit

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El proceso de sucesión de la «premier» comenzará el 7 de junio, ha anunciado la política conservadora

Theresa May pasará el próximo 7 de junio a la posición de primera ministra interina, a la espera de la elección de un nuevo líder del Partido Conservador, según ha anunciado en las puertas de Downing Street. Esta dimisión retardada sirve para que la aún jefa de Gobierno pueda desempeñar su papel durante lavisita de Estado de Donald Trump y la conmemoración del desembarco de Normandía.

La renuncia de May era inevitable después de que su último intento de lograrar la aprobación del Acuerdo de Retirada de la UE, que pactó con el Consejo Europeo el pasado noviembre, fuese bloqueado por el rechazo de la mayoría en su grupo parlamentario y la oposición también de los laboristas, a pesar de las concesiones de May.

«En 2016 dimos la voz al pueblo británico. Contra todos los pronósticos, el pueblo británico votó por marcharse de la Unión Europea», ha dicho en su anuncio del calendario de su retirada. «Me siento hoy tan convencida como hace tres años que, en una democracia, si das a la población el poder de elegir, debes implementar lo que decida. He intentado hacer eso de la menor manera».

La renuncia de May llega por la rebelión de su Gabinete y del grupo parlamentario tras la publicación del proyecto de ley del Acuerdo, que quería someter a votación precisamente el 7 de junio, la fecha en la que dejará oficialmente de ser primera ministra. La elección de nuevo líder, que heredaría la jefatura de Gobierno podría llevar seis semanas.

Los candidatos que encabezan las listas de favoritos son Boris Johnson, exalcalde de Londres y con una carrera que combina popularidad y oportunismo, Dominic Raab, que dimitió como ministro para el Brexit y representa a una nueva generación de «tories», y Michael Gove, el astuto ministro de Agricultura y Medio Ambiente. Jeremy Hunt, el de Exteriores, también se postula. Y más diputados o exministros.

La sustitución de May coincide con el ascenso del Partido del Brexit, liderado por Nigel Farage, que podría ganar con holgura las elecciones europeas que se celebraron ayer y cuyo resultado se conocerá en la noche del domingo. La necesidad de que el nuevo líder conservador se alguien con pedigrí «brexiter» y el ascenso del partido de Farage hacen más posible una marcha sin acuerdo de la UE cuando expire el plazo del 31 de octubre.

Dificultad e ineptitud

Theresa May fue elegida líder tras la dimisión de David Cameron en la misma mañana en la que se conoció el resultado del referéndum, en junio de 2016. En un proceso rápido, que incluyó la retirada de su última rival, Andrea Leadsom, la ya primera ministra se enfrentó a la tarea de negociar la marcha de la UE después de haber argumentado con notable elocuencia por la permanencia.

Había ganado una reputación como gestora austera del Ministerio del Interior, en el Gobierno de coalición entre conservadores y liberal-demócratas. Era popular en el partido, del que había sido una presidenta esforzada, que recorría las asociaciones locales para apoyar sus actos de recaudación de fondos y alentar la vida de una formación envejecida y en declive a nivel de base.

También había ganado reputación como política inflexible, confiada en el asesoramiento de un pequeño grupo de colaboradores. Ese rasgo de su personalidad ha contribuido a su paulatino descrédito, por la incapacidad de crear alianza amplias en una negociación con la UE, que se ha descrito como la tarea más difícil de un Gobierno británico desde la Segunda Guerra Mundial.

La dificultad estructural era desde el comienzo la imposibilidad de que la negociación desembocase en una relación con la UE mejor que la que tienen los estados miembros. Y con su círculo de colaboradores creó dos líneas rojas- la marcha del mercado común y el fin de la libertad de movimiento de personas- que limitaban su margen de maniobra y creaban un problema político en la frontera de Irlanda.

Tras iniciar el diálogo con Bruselas sin buscar un acuerdo previo en el Parlamento de Londres, convocó elecciones generales en la primavera de 2017 porque todos los sondeos le aseguraban que aumentaría su ventaja con respecto a los laboristas liderados por Jeremy Corbyn. Pero perdió la exigua mayoría que tenía tras una campaña personalista catastrófica y su mandato ha estado desde entonces marcado por la dificultad de gobernar con una Cámara de los Comunes igualada y con su grupo parlamentario dividido.

El resultado del bloqueo ha sido la polarización del Parlamento y de la sociedad mientras ella insistía en que se aprobase el Acuerdo de Retirada que había firmado. Tres veces fue rechazado. En las últimas semanas ha intentado llegar a un entendimiento con Jeremy Corbyn, el líder laborista cuya prioridad es forzar unas elecciones generales. Era un intento tardío de encontrar un consenso sobre la modalidad del Brexit.

El primer ministro que ocupe su lugar tendrá que gestionar el Gobierno con la misma aritmética en el Parlamento. Las propuestas intermedias han sido desacreditadas. Reino Unido parece encaminado a una decisión entre la marcha sin acuerdo o la permanencia en la UE. Y quizás a unas elecciones generales en otoño. La Historia reconocerá las dificultades del mandato de Theresa May, pero posiblemente también su ineptitud para liderar el país en un tiempo tan complejo.

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