¡El cisma de Vox estalla en los juzgados como un polvorín interno que devora lealtades y expone las cloacas del partido! Iván Espinosa de los Monteros, el ex portavoz parlamentario que abandonó la formación con la «rama liberal» en un portazo histórico, ha presentado una querella criminal contra dos miembros del «Equipo de Cumplimiento» de Vox –Juan de Dios Dávila y Cristina Navarro– por revelación de secretos, un delito que podría costarles hasta cuatro años de prisión. El Juzgado de Instrucción 13 de Madrid ha admitido la denuncia a trámite de inmediato, citando a los investigados y exigiendo al partido que entregue el expediente completo de una denuncia interna que Espinosa tilda de «fabricación de una historia falsa» para dañar su reputación. ¡El origen? Una queja de tres concejales de Vox en Collado Villalba que acusaban a Espinosa de conflicto de intereses por mediar en un voto urbanístico, detalles reservados que solo el equipo de cumplimiento conocía y que saltaron a la prensa para hundirlo! En un Vox fracturado por la purga de Abascal, esta querella no es venganza personal; es un terremoto que podría reabrir heridas abiertas y costarles votos en un 2026 electoral que pinta turbio.
La querella de Espinosa es un dardo envenenado que apunta directo al corazón de la maquinaria interna de Vox. Presentada ante el juzgado madrileño, acusa a Dávila y Navarro –responsables del «canal ético» del partido– de filtrar a la prensa detalles confidenciales de un expediente abierto por tres concejales de Collado Villalba. La queja, que Espinosa califica de «absurda», le imputaba un posible conflicto de intereses por contactar a la portavoz municipal, Ana Isabel de Dompablo, para facilitar una reunión con un empresario constructor sobre el proyecto Cantos Altos –un voto urbanístico que el grupo municipal rechazó. «PP y PSOE ya la habían recibido, y no acaba de encontrar hueco con Vox. Pedí que lo recibieran y luego, que votaran lo que les diera la gana», se defiende Espinosa en una entrevista con Vozpópuli, negando cualquier irregularidad y acusando al equipo de cumplimiento de vulnerar la confidencialidad: «Solo ellos tenían acceso al expediente completo, y lo reservado se filtró para fabricar una historia contra mí».
El juez ha actuado con celeridad quirúrgica: ha incoado diligencias previas, citado a Dávila y Navarro como investigados y requerido a Vox el expediente íntegro, incluyendo logs de acceso para identificar quién copió o compartió el original. El expediente, tramitado vía canal ético del partido, escaló a la Fiscalía, que lo archivó por falta de irregularidades, pero los detalles saltaron a la prensa, pintando a Espinosa como un «enchufista» pese a su salida de Vox meses antes. «La filtración fue intencionada para dañar mi imagen, violando obligaciones de reserva», argumenta la querella, que pide penas de hasta cuatro años por revelación de secretos agravada. Vox, pillado en su propia telaraña, no ha emitido respuesta oficial, pero fuentes internas susurran que el equipo de cumplimiento actuó «en defensa del partido», un eco de las tensiones post-ruptura de Espinosa con Abascal.
Esta querella no es un pulso aislado; es el clímax de una fractura que sangra a Vox desde 2023, cuando Espinosa y su «rama liberal» –incluyendo a Alicia Rubio y otros– abandonaron el barco tras choques con la dirección por el giro «ultraderechista». El caso Collado Villalba, que Vox archivó internamente pero filtró selectivamente, huele a venganza política: Espinosa, ahora al frente de la plataforma Atenea, acusa a Abascal de usar el expediente para «fabricar una historia falsa» y justificar su purga. Fuentes del partido minimizan: «Espinosa ya no es de Vox; esto es un ataque externo», pero el juez no compra excusas y exige el expediente completo, incluyendo si terceros –periodistas o rivales– accedieron a él. Políticamente, es dinamita: con elecciones europeas en 2026, esta guerra fratricida podría costarles el voto «descontento» que Espinosa canaliza en Atenea.
El impacto es un vendaval que podría reventar el monolito de Vox: Abascal, que ya lidia con crisis internas como el caso de los «Voxpills» y dimisiones en Valencia, ve en esta querella un flanco abierto para la oposición –PP y PSOE ya piden «transparencia total» en canales éticos de partidos. Espinosa, desde su exilio liberal, remata: «Vox me debe una explicación, pero la Justicia la pedirá por mí». ¿Dimisión en el horizonte para Dávila y Navarro, o el partido cerrará filas? Una cosa es segura: de portavoz a querellante, Espinosa no perdona.
En Agencia6, el pulso judicial de Vox late con esta filtración que quema: ¡de canal ético a canal del escándalo! ¿Fin del cisma, o principio de la implosión? Sigue las diligencias en nuestras redes – porque cuando un exdiputado demanda a su exfamilia, el partido tiembla.
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