El avance de la ultraderecha mundial amenaza décadas de conquistas feministas

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La expansión global de movimientos ultraderechistas ha encendido las alarmas entre organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres, que observan con preocupación cómo estas fuerzas políticas ganan terreno en instituciones clave de América, Europa, Oriente Medio y otras regiones. Este fenómeno no solo representa un desafío político, sino que plantea interrogantes fundamentales sobre el futuro de las conquistas feministas alcanzadas durante las últimas décadas.

Los partidos y movimientos de ultraderecha comparten patrones ideológicos que tienden a promover visiones tradicionales y restrictivas del papel de la mujer en la sociedad. Desde la limitación del acceso al aborto hasta la reducción de políticas de conciliación laboral y familiar, pasando por el cuestionamiento de la violencia de género como problema estructural, estas agrupaciones políticas han demostrado una agenda consistente de retroceso en materia de igualdad. En países como Estados Unidos, Brasil, Hungría o Polonia, hemos sido testigos de cómo el ascenso de estas fuerzas se ha traducido en medidas concretas que afectan directamente a los derechos reproductivos y la autonomía femenina.

Particularmente preocupante resulta la instrumentalización que estos movimientos hacen del discurso sobre la familia tradicional y los valores conservadores para justificar políticas regresivas. La retórica de la «protección de la mujer» encubre frecuentemente intentos de limitar su participación en la vida pública y su capacidad de decisión sobre su propio cuerpo y futuro. Esta estrategia ha demostrado ser efectiva en contextos de crisis económica o social, donde sectores de la población buscan respuestas simples a problemas complejos.

Nuevas masculinidades como respuesta educativa

Ante este panorama, cobra especial relevancia el debate sobre la necesidad de transformar los modelos educativos para formar a las nuevas generaciones en valores igualitarios. La propuesta de enseñar a los niños «nuevas formas de ser hombres» no es meramente retórica, sino una estrategia preventiva fundamental para combatir las raíces de la desigualdad de género. Esto implica cuestionar desde edades tempranas los estereotipos que asocian la masculinidad con el dominio, la violencia o el control sobre las mujeres.

La educación en nuevas masculinidades busca desarrollar habilidades emocionales, empáticas y de resolución pacífica de conflictos que tradicionalmente han sido consideradas «femeninas». Se trata de formar hombres capaces de establecer relaciones igualitarias, de compartir responsabilidades domésticas y de crianza, y de rechazar cualquier forma de violencia machista. Esta transformación cultural requiere cambios profundos en los currículos educativos, la formación del profesorado y la implicación de las familias.

Estrategias de resistencia y construcción alternativa

La respuesta a este desafío no puede limitarse a la denuncia, sino que requiere estrategias activas de construcción de alternativas. Las organizaciones feministas y los partidos comprometidos con la igualdad deben articular propuestas concretas que aborden tanto las causas estructurales de la desigualdad como las ansiedades sociales que explotan los movimientos ultraderechistas. Esto incluye políticas económicas que reduzcan la precariedad, sistemas de cuidados que socialicen las responsabilidades tradicionalmente asignadas a las mujeres, y programas educativos que promuevan la igualdad desde la infancia.

El momento actual exige una movilización social amplia que trascienda las fronteras nacionales y construya alianzas internacionales para defender los derechos conquistados y avanzar hacia una sociedad verdaderamente igualitaria. Solo mediante la combinación de resistencia política, transformación educativa y construcción de alternativas será posible hacer frente a la amenaza que representa el avance de la ultraderecha para los derechos de las mujeres en todo el mundo.

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