Alicante: Supermercado del vicio

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Los barrios de Alicante se llenan de anuncios ofreciendo sustancias y servicios ilícitos ante la inacción de las autoridades y las quejas vecinales.

Alicante. Desde hace ya algunos meses, numerosos ciudadanos han alertado de la espontanea aparición de pegatinas con códigos QR repartidas por farolas, marquesinas, contenedores y señales de tráfico en distintos puntos de Alicante. Al escanear estos pequeños anuncios, lejos de dirigir a una página informativa o comercial, remiten a cuentas de mensajería instantánea desde las que se ofrece con total impunidad servicios ilegales que van desde la venta de drogas con entrega a domicilio, hasta contactos vinculados a la prostitución.

Las pegatinas, discretas pero con un diseño descaradamente profesional, se han extendido por zonas tan diversas como el Centro histórico, Carolinas, San Blas o la Playa de San Juan y ya es posible encontrarlas hasta en monumentos y enclaves tan icónicos y turísticos como la céntrica Plaza de los Luceros. Su presencia ha provocado las quejas vecinales, y genera preocupación, alimentado la sensación de que la ciudad se está convirtiendo en un supermercado de la droga y el vicio a plena luz del día.


“Esto se ha salido de control”: vecinos critican la impunidad de los delincuentes

Colectivos vecinales consultados apuntan a la “aparente falta de respuesta” por parte de las autoridades. Aseguran que los códigos siguen apareciendo sin control y sin que se aprecie una retirada sistemática ni un operativo específico para perseguir a estas mafias que actúan con total impunidad, deteriorando gravemente la imagen de la ciudad con sus actividades ilegales.

“Las pegatinas llevan meses pegadas a plena vista. Se ven en sitios muy transitados, Y si nadie las retira, los que las colocan entienden que pueden seguir sin consecuencias”, lamenta una residente en el centro.

La sensación generalizada es que existe una “inacción institucional” que facilita la expansión del fenómeno, con el consiguiente deterioro de la imagen de la ciudad, y un más que probable efecto llamada a grupos organizados de delincuentes, que encontrarían en Alicante un entorno ideal para el desarrollo de sus actividades sin riesgo alguno. Desde asociaciones locales se reclama un plan coordinado de limpieza, vigilancia e investigación.

Profesional anuncio de venta de droga con servicio de reparto a domicilio visible en una calle del centro histórico de Alicante

Detrás del QR, un número de WhatsApp fácilmente rastreable

Los códigos QR analizados por este periódico dirigen, en la mayoría de los casos, a números de teléfono registrados en servicios de mensajería instantánea como Whatsapp o Telegram, que permiten la localización de sus propietarios sin demasiadas dificultades. Expertos en ciberseguridad consultados explican que, aunque estos números pueden estar protegidos mediante servicios de anonimización, una búsqueda inversa básica —en plataformas públicas, bases de datos abiertas o redes sociales— puede proporcionar información útil sobre su origen o titular, como la que a qui se muestra, realizada sobre uno de los anuncio que es posible encontrar en las calles de la ciudad.

Identidad asociada al teléfono que aparece en uno de los QR de venta de droga

Pese a ello, no consta que hasta el momento se haya hecho pública ninguna actuación policial de relevancia en la ciudad relacionada con estas pegatinas, lo que incrementa la frustración de quienes consideran que el fenómeno “se está normalizando”.


Una ciudad que lucha con su imagen

El problema no es menor para Alicante, que mientras compite por reforzar su reputación como destino seguro, turístico y moderno, lucha contra su otra imagen de ciudad sucia, descuidada y pobre. La proliferación de publicidad de servicios ilícitos en plena calle contribuye, según varios comerciantes, a “dañar la imagen de la ciudad” y a consolidar la percepción de que Alicante solo puede ofrecer vicio y suciedad al turismo, hundiendo un poco más la maltrecha economía de la capital mediterránea.

Mientras tanto, los códigos siguen multiplicándose. Y la pregunta permanece: ¿cuánto tiempo más podrán operar en la vía pública sin una respuesta firme?

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